SONIA

 

EN UN PRIMER PLANO: LA IGLESIA DE NUESTRA SEÑORA DE LAS NIEVES. Polo, un hombre afrodescendiente que acaba de cumplir cincuenta años, juega solo una partida de ajedrez. Mueve las fichas con desgana, pensando cómo conseguir el dinero para pagar la habitación, en un hotel del centro, donde lo esperan Omaira y sus cuatro hijos. No quiere robar, pero tampoco va a dejar que los niños aguanten frío. Sabe que el costo de robar es una cantidad insufrible de tiempo encerrado tras las rejas, alejado de lo único que tiene asegurado en esta vida: su familia y la libertad. Omaira es su compañera de luchas, la que le ha dado tantas oportunidades para mejorar su forma de ser, aunque ya está cansada de los golpes y los celos pero, sobre todo, está cansada de que lo poco que consiga lo gaste en bazuco y alcohol. Ella ya aguantó mucha hambre y no quiere lo mismo para sus hijos. Omaira logró dejar el vicio y trabaja con una fundación haciendo recorridos para extranjeros en algunas calles peligrosas de Bogotá. Polo también ha recorrido toda la ciudad, especialmente las zonas donde están levantando los nuevos edificios, pero no logra que lo contraten, aunque sea que le den una barbacha como ayudante de construcción.

A Polo lo conocí cerca de la universidad. Yo suelo parquear el Nissan del 96 que me regaló mi papá en una bahía abierta al público donde el señor que cuida los carros, cuando tiene que salir a realizar alguna diligencia, llama a Polo para que lo reemplace. Polo tiene la apariencia de una gloria del boxeo en decadencia: un Kid Pambele de las calles. Yo le digo Marco Polo porque también es mi mercader: me trae la mejor marihuana hidropónica que he probado, la cual solo se consigue en su casa, como él mismo suele decir: el famoso y peligroso Bronx, en el distrito rojo de la localidad de Santa Fe. Para mí es imposible ingresar a tales sitios por los Sayayines: personajes más peligrosos que los que había visto de niño en la serie de Dragon Ball. Algunas noches lo veo pasar todo embalado cuando voy hasta la ‘‘Piscina Night Club’’. Las hembritas allí están como quieren. Polo sabe que me gusta la poesía y, cuando me ve, quiere recitarme sus nuevas creaciones, las cuales escucho con atención. Le he querido regalar alguna antología de poemas de Raúl Gómez Jattin, pero estoy seguro de que la cambiaria esa misma noche por un par de pipasos.

Sonia vende aromáticas frente al putiadero y me ayuda a echarle ojo al carro mientras veo el espectáculo de las chicas, sin embargo, la belleza de sus cuerpos solo despierta mi deseo. Durante meses he estado encoñado con una caleña que cada vez quiere sacarme más plata. Parece una pantera negra que huele mi excitación, la cual se traduce en billetes de cincuenta que se proyectan dentro de sus pupilas. Cuando me canso de ver tetas y culos, salgo a hablar hasta la madrugada con Sonia. Ella no debe tener mucho más de veinte años, pero sabe más de la vida que todas mis exnovias juntas. Me escucha en verdad, hasta la he invitado a salir, pero ella me confesó que está mamada de los hombres, sobre todo de esos pirobos que creen que pueden controlarla como si fuera su esclava. Tiene una hija de tres años que cuida su mamá mientras trabaja. Vive en el barrio Libertadores,  a unos cuarenta minutos del barrio Veinte de Julio. La he llevado algunas veces: para llegar a su casa hay que subir y subir hasta coronar una avenida que llaman la pared. Menos mal mi cacharrito tiene buen arranque y logra hacer la escalada. Desde allá se ve despertar toda la ciudad y las nubes bajan a cubrir las historias con la niebla y su nostalgia.

Nos fumamos un porro y nos dedicamos a hablar de nuestros destinos. Su madre está muy enferma, tiene una enfermedad degenerativa que le está pudriendo los dedos. El medico les aconsejó irse a tierra caliente para que mejore la circulación, pero no tienen dinero. Me cuenta que está pensando en trabajar de nuevo en la Piscina, pero desde que la niña cumplió dos años, se prometió empezar una nueva vida. Entonces se ha dedicado a hacer aseo en algunas casas durante el día y en la noche vende aromáticas con las hierbas que compra en la plaza de mercado del Samper Mendoza. A la plaza también la he acompañado algunos días. Ahora Sonia va a mi casa a ayudarme con la limpieza: no se demora ni dos horas porque el espacio, como el espacio de todo aparta-estudio, es demasiado pequeño. En una de sus visitas, casi sin proponérnoslo, terminamos haciendo el amor: lo hicimos con la luz prendida y mirándonos fijamente a lo ojos. Desde entonces, sus visitas se demoran una hora más y ya no tengo que gastarme la plata con la caleña del chochal.

Cuando Sonia se va, yo sigo estudiando los big numbers de los 30 y los 40. En mi carrera de arquitectura estoy colaborando con un proyecto que se llama la Casa Común: proyecto urbano y cultural que pretende romper la olla del Bronx, el caldero de ratas donde Polo me consigue la marihuana, para construir un parque digno de la más alta arquitectura moderna, que no es otra cosa que una copia de viejos modelos de las mejores metrópolis de Europa. Sonia cree que es una porquería de proyecto y que de moderno no tiene nada, ya que solo es un parque con sillas incómodas y un par de esculturas de Botero que terminarán oxidadas por la mierda de las palomas. Le argumento que así funciona el mercado y solo así se valorizará el sector: sacando tanto ladrón de las calles y trayendo progreso a miles de locales para el comercio del Tío Sam.

Mientras matamos la pata, vemos la ciudad extendiéndose a través de los edificios. Sonia me da un beso para que no hable más y la abrace. Mañana vamos a hacer la mudanza. Por fin va a trastearse al Veinte de Julio, dejando atrás la montaña y ese frío salvaje de la pared. Un nuevo comienzo en un apartamento con tres habitaciones que acabamos de arrendar juntos: su madre, la niña, ella y yo contaremos finalmente con un espacio digno para vivir. Todo quedara más cerca y podremos iniciar nuestra inesperada historia de amor en la ciudad que por momentos es invivible, insoportable, una ciudad que también podría llamarse Sonia, con un fuerte temperamento y un ritmo peligroso, donde es fácil perderse y de donde es difícil escaparse. Una ciudad que, como Sonia, tiene en su personalidad combinada la bohemia y la desesperación, las transparencia de los amantes, el orgasmo tardío, el grito de la traición y las máscaras familiares del abandono.

Sonia -la ciudad y la mujer con la que viviré- es un libro que algunos no hemos querido leer, un texto como tributo del desenfreno y del éxtasis, lleno de muertos y miles de Polos y Omairas que luchan por no hundirse aún más. Polos y Omairas que, fracaso sobre fracaso, construyen y destiñen este espacio compartido llamado Bogotá: una sabana llena de luminosidades, sombras y destinos que desaparecerán bajo la Casa Común. Destinos que nunca se concretarán, sueños que nunca dejarán de ser lo que son. Laberinto de promesas y asfalto por el cual solo nos queda caminar para encontrarnos, para tratar de conquistar lo que no podemos comprender: el olor del miedo cuando cesa la tormenta, el vértigo de un páramo que se está secando y el amor que encontramos bajo la mordedura de una cúpula con la bandera de Dios.

La lluvia ha empezado a caer nuevamente. Sonia, su hija y su mamá me dicen adiós con las manos desde la pobre puerta de su fea casa. Mañana volveré para empezar el trasteo. Mañana volveré, o tal vez no: para nadie es un secreto que aquí siempre es difícil tomar una decisión, que es casi imposible ejecutar un plan a cabalidad; por eso es mejor continuar con lo poco que se tiene, por eso es mejor seguir tal como se está.



Autor:
JOHN FONSECA
Había una vez un hombre que se durmió, “durante treinta largos años había estado viviendo en un espejismo”. ¡Qué rápido pasó! Ya no va a la escuela, colegio o universidad. Su meta es poetizar la vida ¡Misión cósmica! junto a sus queridos seres plumados. Es padre de Samuel e Isabella, hijo, hermano, amigo, lector, escritor de cuentos y poemas. Le gusta el avistamiento de aves, jugar tenis y ajedrez. Le gustaría tener la sabiduría de su padre, la infinita bondad de su madre, la imaginación de su hijo, la destreza de su hija, la nobleza de su hermano, y la risa de su hermana. Este hombre es Licenciado en español y lenguas extranjeras. Escribió un libro de poesía para niños que gano la I convocatoria de poesía Infantil con la Editorial Cuadernos Negros y el Magazín Cultural del El Espectador. Y su segundo libro de poesía ''El cerrado espesor de las tinieblas'' está en proceso de publicación para este 2024 con la editorial de la Universidad Pedagógica Nacional. 

*Las fotografías de la publicación, hacen parte del cortometraje ''Sonia'', dirigido por el mismo autor*


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