ESCRIBIR Y CREAR EN EL CENTRO CULTURAL BACATÁ DE FUNZA
CONTEXTO LOCAL
Durante el año 2025 el Centro Cultural Bacatá de Funza continuó
acompañando la creación de proyectos artísticos autónomos,
partiendo de procesos de fomento cultural, haciendo uso de las nuevas
tecnologías y generando alianzas para permitir el acceso de los ciudadanos a
los circuitos propios del arte en el municipio.
Particularmente,
desde la Escuela de Literatura se mantuvo el fomento y el disfrute de la
palabra a partir de los talleres de creación literaria; propiciando prácticas
de lectura y escritura expandidas; ampliando las experiencias simbólicas del
lenguaje y potenciando la diversidad de los discursos. Todo esto con el fin de
consolidar el ejercicio de la escritura mediante el desarrollo de la
imaginación, la participación y el pensamiento reflexivo.
Con justeza se presentan a continuación algunas
consideraciones surgidas en los Talleres de Funza para contar, Literatura universal e Introducción a la escritura creativa las cuales, dado su
carácter reflexivo, podrían ser de utilidad en escenarios más amplios que
sobrepasan a la Escuela misma y atañen, en la esfera de lo objetivo, a las
prácticas actuales de la escritura en el país.
PROLEGÓMENOS A LA CUESTIÓN LITERARIA
No hay relato
sin mordaza. En todo proceso creativo aparecen dos episodios castrantes que se
diferencian sutilmente: la mordaza y la amputación. Es igual que seamos
pintores, escultores, músicos o escritores; como yo -docente de la Escuela
Literatura- estoy escribiendo este relato, me voy a centrar con puntualidad en
el acto de escribir.
La
mordaza se produce cuando estamos escribiendo y nos censuramos mentalmente, y
algo que estamos pensando no lo escribimos. Esta censura puede deberse a
motivos religiosos, éticos, políticos o indeterminados, es igual. Ahora yo, por
ejemplo, estoy pensando en escribir algo fuerte, que llame la atención, pero
como creo que no es el sitio adecuado no lo escribo y ustedes no van a saber
qué fue, porque, aunque lo he pensado, no lo he escrito y se queda dentro de mi
cerebro solo como intención sin llegar a ser acción. ¿Qué podría haber escrito?
Nadie lo sabe porque yo mismo lo he censurado.
La
amputación se realiza cuando, una vez escrito, cortamos palabras o frases que
consideramos sobrantes o inadecuadas. Pero aquí surgen las primeras preguntas
interesantes tanto del acto de escribir como del de editar: ¿podemos hablar de
amputar en la fase de creación?, ¿se puede amputar lo que no ha sido totalmente
creado?
Cuando
vamos creando, mordaza y amputación se van sucediendo de forma constante
y estos actos castradores nos sirven para realizar la obra. Un relato, en este
caso este mismo relato que yo voy escribiendo y ustedes van leyendo, puede con
facilidad desgraciarse y desaparecer. Y también puede ser amordazado y
amputado. Y aunque las palabras amordazar y amputar tienen connotaciones
negativas, en el acto de crear no es así, y pueden resultar necesarias para
llegar al fin deseado.
Pues un relato
-y todo texto en general- existe en dos universos diferentes, el del escritor y
el del lector, y un mismo relato en sus dos universos tendrá una vida muy
distinta. Si se analiza el universo del lector, vemos que un texto crece cuando
lo vamos interiorizando y lo vamos haciendo nuestro. Para que este crecimiento
se produzca, el texto tiene que tener seis cualidades importantes y una
complementaria. Es muy difícil que estas cualidades se den en un mismo texto,
pero cuantas más se den, hará que la lectura se desarrolle con más fuerza y
vigor.
CONSIDERACIONES SOBRE EL ACTO DE ESCRIBIR
1.
Todo
relato debe entretener -es una trampa. El lenguaje tiene que ser ameno y
amena la aventura que estamos relatando. Y digo aventura siendo consciente de
lo que significa esta palabra: suceso extraño o poco frecuente, emocionante o
peligroso. No peligroso en el sentido de peligro físico, pero casi. Toda
historia debería abrirse ante nosotros como un abismo perturbador y es esta
perturbación la que afectará a nuestro ser y a nuestra conciencia.
2. Todo
relato debe enseñar -es una ventana. Ya no en términos de enseñanza
moral, sino en el sentido de mostrarnos y hacernos sentir cosas que
desconocíamos. Cuánto más desconocido es lo que leemos, más apetecible puede
ser un relato. Datos, paisajes, costumbres, técnicas… todo un conjunto de elementos
que, expresados dentro de la aventura, adquieren significados que el lector no
olvidará fácilmente.
3. Todo
relato debe sorprender -es un susto. Llega un momento del relato en que
todo se vuelve predecible y el autor tiene que darle un giro para que vuelva a
ser la aventura que estamos preconizando. Para que la sorpresa sea más
imaginativa, incluso el mismo autor tiene que ser sorprendido.
4. Todo
relato debe golpear -es un nocaut. Lo que estamos contando debe golpear
al lector y hacerle adolecer por emociones que hasta ese momento no había
experimentado. Ha de hacerle abrir los ojos, así sea a una ‘‘realidad’’
horrible o indeseada. Debe hacerle mirar desde otra perspectiva. Empezar a
sacar conclusiones distintas. Cuestionar lo que hasta ahora había dicho,
escuchado o incluso leído.
5. Todo
relato debe activar -es como cafeína. Una vez que asumimos lo que
leemos, hay relatos que te impelen a pasar a la acción. Lo que hemos leído
puede impactarnos de tal forma que nuestro cerebro nos lleva, casi que nos
obliga, a que seamos protagonistas y pongamos en acción todas las ideas que
están combustionando en nuestra mente.
6. Todo
relato es susceptible de mejorar -es como un injerto. Porque
también hay textos que nacen muertos, como carcomidos por las ratas, con sus
músculos en ruinas, sus huesos casi en polvo y sin fuerzas para sostenerse por
cuenta propia. Dichos textos necesitan entonces internarse en cuidados
intensivos, recibir una descarga de agregados proteicos y de contenido,
inyectados con frases, párrafos y hasta un nuevo título. Esos textos lo que
necesitan es un millar de injertos.
7. La séptima cualidad, que se mencionó más arriba como complementaria, es la de deleitar -es una adicción. Deleitar es encantar, seducir, maravillar, placer del ánimo y los sentidos -pero placer, en este caso, como ya se dijo, no siempre es gozo, sino también se trata de sentir dolor, angustia, incomodidad-. Con el deleite, las seis cualidades anteriores se vuelven más intensas. Este deleite, ni más ni menos, lo llega a producir cierto uso del idioma, gracias a las palabras elegidas, a la forma de narrar y desarrollar nuestro relato.
Generalmente estas cualidades no se dan todas en un mismo relato, es más, hay pocos que las contengan todas, y este relato -el que tú lees ahora mismo y que yo, desconocido docente de literatura, me di a la tarea escribir quién sabe dónde ni hace cuánto tiempo -no puede ser una excepción, pero hay que procurar que tenga las máximas cualidades posibles porque, de no ser así, su única alternativa es desgraciarse y, finalmente, desaparecer.
LA DESGRACIA
La
desgracia puede ser de origen o sobrevenida. La desgracia de origen se produce
cuando solo leyendo la sinopsis o tan solo las primeras líneas del relato, el
lector descubre que no le interesa: el tema, el título, el autor, el género… de
entrada no genera seducción alguna. ¿Otro relato sobre la Violencia en
Colombia? ¿Otra publicación de Menganito? Este tipo de relatos, para el lector,
está desgraciado desde el origen y ni siquiera va a empezar la aventura.
La
desgracia sobrevenida llega cuando se inicia la lectura y en un momento
determinado, que varía de un lector a otro (por ejemplo, hay quienes se ponen
como requisito leer un número determinado de páginas), el lector reconoce que
no le interesa, que no lo atrapa y entonces deja de leerlo. Ni entretuvo, ni
enseñó, ni sorprendió. Esto es todo. Tampoco fue posible la aventura.
Porque
un relato es como un árbol de frutas: si el lector no le ve frutos, no se hará
a su sombra, no esperará su caída. El lector verá solo ramas y hojas, pero ni
las ramas ni las hojas se pueden comer, no le alimentan. Pues hay relatos que
son como el tofu, el cual tiene muchas proteínas, pero es poco valorado por
quien no aprecia la alimentación vegetariana y no tiene idea de cómo
prepararlo, de cómo ingerirlo.
LA MATRIOSHKA DE JOSÉ AGUSTÍN SOLÓRZANO
Ahora voy por la mitad de este relato y no voy a seguir hablando de libros, aunque lo siga haciendo, porque la misión misma de escribir este texto es hablar de cómo se escribió y cómo se podría escribir cualquier otro. Y aunque la aventura tenga que terminar en algún momento, me gustaría escribir algo que acabo de recordar y que no voy a amputar, aunque dudé en hacerlo: me refiero a una frase que José Agustín Solórzano escribió en su novela Taller de literatura, la cual dice lo siguiente: ‘‘La sintaxis de la vida es también la sintaxis de la muerte y la gramática de una es la misma que escribe la de la otra’’. ¿Qué quiere decir Solórzano con esta frase? La verdad es que, con relación a este relato, ya no importa, pero podríamos aventurarnos a decir que hablaba de su propio universo.
Y con su certeza y nuestra desconfianza, pese a todo, podríamos decir
que se refería a las cualidades del trabajo del que escribe, en otras palabras,
que cuando uno se pone a escribir, tiene su propio movimiento o por lo menos
debería buscarlo y seguirlo durante toda su vida. Pues al encontrarlo se adquiere una especie de inercia en el doloroso golpear de los dedos contra el teclado; una especie continuum creativo entre el silencio de la idea iniciática y la ruta indescifrable de la tinta sobre el papel.
Mientras más se trabaje en escribir, entonces, la ideas -esas bombas- pueden
seguir fluyendo del zenit al nadir, desde la cuna hasta la tumba. Pues hay
muchas formas de distraerse y por eso creemos, o al menos yo lo creo, que Solórzano
usa las palabras sintaxis y gramática para revestir de respeto la historia de la lengua e
impedir que se coarte de manera inconsecuente su normal desarrollo en la creación.
Puesto
que los relatos y los libros están hechos de palabras, todos los que escribimos
deberíamos saber que el pecado se apropia del lenguaje para pecar, entendiendo
por pecado la transgresión, la violación de la verdad aceptada por la sociedad.
Las palabras opinan, hechizan, sugieren, dirigen; las palabras pueden cambiar
el sentido de una historia y modificarla.
Así como
hay caricias propias de amantes que tienen difícil explicación racional, pasa
lo mismo con el sentido de las palabras. Estas tienen facetas como el diamante
y por eso pueden tener varios significados. Además, hay otras hechas de
terciopelo y a ellas se adhieren distintas acepciones que dependen del momento,
la ocasión, el contexto o el modo en que son pronunciadas. Con este material
están hechos los relatos, o sea, con un material esquivo, ambiguo y traidor.
LAS IDEAS SON BOMBAS
Por todo
lo dicho, las ideas que no se traducen a palabras, que no logran esa
metamorfosis o alquimia, no existen para los demás y solo por muy poco tiempo
para quien las padece, antes de caer en el olvido. Las ideas solo existen en
forma de emociones que necesitan ser traducidas a palabras, de lo contrario,
son confusiones, momentos inexactos, experiencias fútiles. Y cuando las ideas
se traducen a palabras, si no se confinan, si no se escriben, también suelen
ser temporales, momentáneas y sujetas a todo tipo de interpretaciones que
desvirtuarán una vez más su significado y su contenido.
Porque
las ideas son bombas que al explotar invaden el mundo con su presencia. Y hay
ideas que al explotar se convierten en más y nuevas ideas. Por ejemplo, el
suicidio es el recurso de los humanos cuya vitalidad se corroyó con la
herrumbre de lo cotidiano: nacieron para la acción, pero la aplazaron, así que
cuando quisieron actuar, el tiro les salió por la culata, escribió Pierre Drieu la Rochelle. ¿Qué significa
eso? En este momento tu mente y la mía están tratando de entender la frase y en
ese proceso todo se multiplica, se transforma. Hay quienes seguramente ya
capturaron el rayo y son conscientes de su incapacidad, otros no tienen interés
y solo algunos pocos siguen preguntándose ¿es una adivinanza? ¿un secreto a
pocas voces? Algunos afortunados ya se montaron en la explosión de sus propias
ideas y no les importa a qué se refería la Rochelle más que como un lejano
punto de partida.
ALERTA DEL OFRECIMIENTO
No está de más repetirlo -aunque se ha repetido tantas veces que parece una manera de poner en evidencia la ausencia de otro bagaje lector-. Todo relato necesita una febril dosis de inseguridad para sobrevivir el porvenir austero; para flotar ante su propio estado de alerta. Ahora mismo nadie puede saber cómo se desatará este relato -ni yo mismo que puedo corregirlo a mi antojo un millón de veces sin saber por dónde se desencajará la intempestiva-. ¿Escuchas algo? Ahora mismo pasa el Transmilenio cargado de sueños y esperanzas hacia Usme, golpetean las retroexcavadoras del Metro de Bogotá, llega el eco de los suspiros de cientos de ciudadanos cargados de preocupaciones que se escapan constantemente sobre el desahuciado día a día de la ciudad… sí, estoy en mi apartamento con vistas a la Calle 45 con Avenida Caracas y aunque no sé qué anuncia tanta información de este endemoniado paisaje, de lo que estoy seguro es que sí anuncia algo y mi trabajo al escribir es tratar de incluirlo en esto que escribo.
El aullido del mundo debería escucharse en todas las
páginas que escribimos, así sea en su pies de… Y es que para comunicar o hacer
sentir algo cuando se escribe tenemos que usar un altavoz que lleve más allá
nuestras palabras para que otros puedan conocerlas. Cada palabra que sale de ti
y se escribe debería llevar algo más que tu pequeña vidita. Hay quienes aman el
whisky, los puentes, la filosofía; yo amo la ciudad desde donde escribo, por
eso la menciono para terminar este texto. Tal vez solo de eso se trate
escribir: de lograr que quien nos lea se contagie de lo que vemos, de lo que leemos,
de lo que sentimos mientras estamos escribiendo.
AMPUTACIÓN FINAL
Escribir (crear) es reescribir (re-crear). Al igual que pasa en todos los actos creativos, escribir es un acto de prueba y error, de descubrimiento y aprendizaje, en el cual, a veces, es necesario desechar, borrar y volver a empezar, es decir, reescribir. Si bien borrar lo escrito por uno mismo cuando se está empezando a escribir puede ser doloroso, también es algo que se aprende, que se interioriza en cuanto entendemos que ningún texto borrado es un texto perdido, al contrario, es decantación, o sea, revisión y mejoramiento que va a emerger con el tiempo en otros textos, siempre y cuando sigamos escribiendo.
Porque leer también es releer. En este punto se acaba el placer y la sangre con lágrimas vuelan por doquier. Y gritos y lamentos. Armados de un cuchillo carnicero, sanguinolento, tenemos que ir limpiando, puliendo el relato para que pueda ser leído a su propia medida, ya ni siquiera a la nuestra. Aquí debemos entender, aceptar y prepararnos para que sea el lector quien termine nuestro escrito. Por eso, no lo acabemos nosotros mismos. Dejemos las puertas abiertas. Que se multiplique la ambigüedad. No expliquemos nada. La técnica y su filosofía nos dice que cualquier otra palabra es una descuartización -incluso aunque esta palabra no exista.
En cierto punto tenemos que adquirir el conocimiento
exacto de cómo funciona todo esto. En cierto punto también tenemos que
volvernos sabios. Escribir no es darle sin descanso a un relato infinito para
averiguar de qué va. Escribir, en este caso, es construir una emoción. Debemos
conjugar con coherencia la paciencia y la ansiedad de un veneno suave para
confundir sus efectos.
Quedan
así dos aventuras insalvables a la hora de escribir un relato: primero terminar
el relato como historia y después terminar el relato como un objeto natural y
perfecto, algo parecido a una manzana o un cuchillo: su sola existencia no
permite cambio o corrección. Estas dos aventuras van unidas en clave de
dialéctica y retroalimentación. Su “eternidad“ depende de
ese movimiento continuo para que una ola forme a la siguiente, y cada línea
induzca de nuevo al deseo de leer la próxima. Con este ritmo incesante puede encararse
la escritura como una victoria para toda la vida, que es mejor que para toda la
“eternidad’’.
Enlace al material didáctico desarrollado en clase:
https://docs.google.com/presentation/d/1Cu4FihcVVXJbRMI9b9q4QaeN9Z6zD7eF/edit?slide=id.p16#slide=id.p16
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