DECIR O NO: DERIVAS DEL CINISMO EN TRES CUENTOS COLOMBIANOS

 


Prolegómenos a la Crítica de la razón cínica

Peter Sloterdijk es uno de los filósofos más relevantes e influyentes de las cuatro últimas décadas. El inicio de su carrera como filósofo se lo debe a la obra La crítica de la razón cínica (1983) donde analiza y examina el ''decir veraz'' o ''parresía'' en la Antigüedad griega.

En dicha crítica, Sloterdijk se esfuerza por distinguir el cinismo de la Antigüedad griega (que denomina quinismo) del cinismo prosaico del mundo contemporáneo (al que hace referencia como mero cinismo). El quinismo antiguo, representado por figuras como Diógenes, representaría un intento de liberación con respecto a las ataduras y vanidades sociales. Diógenes se presenta ante la ciudadanía ateniense como una especie de trickster o bufón que desprecia los convencionalismos sociales. Sloterdijk dice al respecto de su obra: ''Ya la Antigüedad conocía al cínico como un extravagante solitario y como un moralista provocador y testarudo. En el libro ilustrado de los caracteres sociales figura desde entonces como un espíritu burlón que produce distanciamiento, como un mordaz y malicioso individualista que pretende no necesitar de nadie ni ser querido por nadie, ya que, ante su mirada grosera y desenmascaradora, nadie sale indemne''.



Paréntesis hacia el barril de Diógenes

''Diógenes refuta el lenguaje de los filósofos con el del payaso'', señala Sloterdijk. Por medio de ese espíritu burlón, el cinismo de la Antigüedad operó como una antítesis del idealismo propio de cierta ideología enmascarada. Al quínico, hablando literalmente, le correspondía la especialidad cómica. En este sentido la existencia de Diógenes pone bajo el ojo crítico el humor que no representaba, entonces como hoy, un estrato profundo de la conciencia y la interacción social: posibles detonantes para fomentar el acceso y la comunicación de ciertas verdades, frente al discurso ideológico convencional.

El quínico se ufana como poseedor de un ''decir veraz'': alguien con la valentía para conducirse sin contradicciones en el mundo. Estaríamos hablando de una figura contraria por completo al demagogo o al hipócrita, que dice lo que su interlocutor quiere oír y hace suyos los prejuicios de la turba para medrar en las estorbosas multitudes.

El quinismo es, como el antiguo cinismo, un producto de la globalización. Según Sloterdijk, Diógenes es fruto del ''nuevo y amplio ámbito de influencia del imperio macedónico que se anuncia culturalmente. La gran civilización helenística alrededor del mar Mediterráneo oriental. Se dice que Diógenes, al ser indagado por su patria, contestó -como Míster Alba-: Soy un ciudadano del mundo. Hoy todos somos ciudadanos del mundo, aunque, en nuestro caso, sigamos atenazados por un cinismo crudo y aún más desesperanzador.

La fuerza de Diógenes puede experimentarse con la lectura de ‘‘La historia de Listo Mercatore’’, arremétrico cuento de Goncalo Tabares. 


Deshielo contemporáneo

La condición posmoderna ha llevado al individuo a un cinismo soterrado, caracterizado por el uso excesivo de la razón, que pretende y muchas veces logra canalizar la relación entre el mundo, la sociedad y su propia individualidad, llegando a profundos niveles de descubrimiento y desengaño pero que, a su vez, imponen ser aceptados imperceptiblemente, sosteniendo el andamio endeble del statu quo de lo que estudia y se analiza sin descanso. Este cinismo moderno termina siendo la huella de la mayoría de los individuos ensimismados, quizás por eso nos sentimos insatisfechos, creemos albergar la forma de cambiar el orden de las cosas pero, inevitablemente, tratamos de salvarnos a nosotros mismos, aunque, al mismo tiempo, ninguno logre encontrar lo que está buscando. 

Los vínculos se han visto desintegrados por un capitalismo tardío que no hace sino fomentar un individualismo hipercínico en el cual domina el ''sálvese quien pueda'' a modo de mantra y dogma intergeneracional. Los demás carecen de dignidad para nosotros, de lo cual deducimos necesariamente nuestra propia falta de la misma: quien trata a otros sin dignidad carece también por completo de ella, como aseguraban en la Antigüedad. 

A pesar de todo, el radical cinismo de la actualidad quiere encubrir su propia naturaleza y elabora falsas representaciones, trampantojos morales (artificiales indignaciones e histerias colectivas) para justificar su propia existencia; su ser decadente, su apetito destructivo. Pero, en este sentido, como afirma Sloterdijk, quizás no esté de más recurrir hoy al germen y origen del actual cinismo (el quinismo), es decir: ''una filosofía que se atreva a salir con las verdades desnudas. Allí donde los encubrimientos son constitutivos de una cultura; allí donde la vida en sociedad está sometida a una coacción de la mentira, en la expresión real de la verdad aparece un momento agresivo, un desnudamiento que no es bienvenido. Sin embargo, el impulso hacia el desvelamiento es, a la larga, el más fuerte''. 



            Quinismo estético de Estercilia Simanca

        Estercilia Simanca, wayuu del clan Pushaina, también conocida como Teeya, es escritora, diseñadora textil y abogada. Nació en 1975 en la ranchería El Paraíso, que forma parte del resguardo Caicemapa, ubicado en la baja Guajira. Sus antepasados maternos, como otras tantas familias wayuu, migraron al sur desde la alta Guajira buscando mejores condiciones de vida. La bisabuela, mamá Pitoria (o Victoria), quien falleció a “los 108 años”, ha sido una de las principales fuentes de inspiración en la obra de Estercilia, y en tal sentido aparece de una u otra forma en varios de sus cuentos.

        En Manifiesta no saber firmar, nacido: 31 de diciembre, explora las ironías del actual choque intercultural. Con esta narración irónica y penetrante, Estercilia ganó en abril de 2004 la única Mención de Honor del Concurso de Cuento Metropolitano de la Universidad Metropolitana de Barranquilla.

            Análisis de ‘‘Manifiesta no saber firmar: nacido 31 de diciembre’’



             En primer lugar, con base en la malicia de los políticos al engañar al pueblo originario que protagoniza el relato, se puede comprobar una de las características más devastadoras del cinismo:

‘‘…los sujetos, sabiéndose cínicos, utilizan en su vida cotidiana a sus congéneres como meros «útiles a la mano» (que diría Heidegger) o instrumentos, tratan de demostrarse a mismos y a otros que son «buenos» por vía de un moralismo discursivo que compense la falta de valores, principios y códigos en el verdadero trato social. Si en 1983 éramos cínicos e interesados en nuestras interacciones, a día de hoy la cultura de consumo, mucho más exacerbada, hace que nos relacionemos con los demás como si estos fuesen cartones de leche, refrescos, utensilios de cocina, meros objetos de consumo.’’  (1)

A contracorriente, si se enfoca la mirada en la voz narrativa del relato, es decir, la voz femenina que, entre flashback reiterados, pasa de ser niña a adulta de manera indistinta, vemos el quinismo como un rasgo de la infancia. Si bien la voz pareciera verlo todo con asombro e inocencia, también es evidente que lo está juzgando desde una inconciencia que le hace sentir que nada de lo que ocurre con su comunidad es normal o, por lo menos, que todo lo que les ocurre tiene un trasfondo que va más allá de lo evidente.


            De cualquier manera, lo cierto es que, para esta niña, tanto la solidaridad, la amistad, la honestidad o cualquier otra de esas formas de interacción en las que se toma en cuenta al otro como persona, apenas las está descubriendo y aprendiendo a ponerlas a prueba. Esto se debe a que está empezando a descubrir el mundo (aunque ya lo descubra malogrado), y pasa de estar en una etapa de autodescubrimiento, a descubrir también a los otros. Es así que se muestra siempre expectante a las acciones de los demás y esto abarca tanto a los adultos como a otros niños de su entorno. Sin embargo, debido a que se trata de un proceso de transición, constantemente va a querer reafirmarse por lo que, por ejemplo, va a tener más dificultad para ella y su comunidad. Con esto se cumple, con una mirada general, la condición fundamental del quinismo estético desde su voz infantil:

‘‘Con el quinismo empieza en la filosofía la resistencia contra el descartado juego de la “razón” El quínico presiente el engaño de las abstracciones idealistas y la insipidez esquizoide de un pensar cerebralizado. De esta manera nace un pensamiento no cerebralizado, sino grosero. Las flechas mortíferas de la verdad penetran allí donde las mentiras se ponen a cubierto tras autoridades. A partir de ese momento se hace palpable de una manera sencilla el sentido de la insolencia. Desde que la filosofía, sólo de forma hipócrita, es capaz de vivir lo que dice, le corresponde entonces a la insolencia del quínico decir lo que se vive’’ (2).


            Quinismo estético de Ross Steaua
           

         Ross Steaua podría llamarse Álvaro Claro, ser profesor de literatura y vivir en Bogotá en estos momentos. Podría haber ganado algunos premios como el Concurso Nacional de Cuento RCN-MEN, las Becas Bicentenario de la Gobernación de Santander y los Estímulos a la Creación Artística del Ministerio de Cultura. Podría haber publicado cuatro libros como Si el punk ha muerto nosotros somos la venganza, Ausencias, Enjambre y La peste y otras muertes. Recientemente podría haber ganado la convocatoria internacional de la Editorial Valparaíso y estar preparando la publicación de La gravedad de los puntos invisibles, su último libro de poesía. También podría ser adicto al punk desde la adolescencia, marihuanero nocturno en la comodidad de su casa o caminante sin destino como los perros callejeros.

            En conclusión, Ross Steaua es un significado que no tiene nada qué ver con su significante, apenas palabras que se han desprendido de las cosas. Así que cada lector puede pasar, poner su nombre, darle su tono y, si aún queda algo por decir, puede escribirlo y poner otro pseudónimo, porque ‘‘yo’’ es un pronombre plural, un sinónimo de nosotros mismos.

        Análisis de ‘‘Ya no quiero más ska’’ 

     El cuento ‘‘Ya no quiero más ska’’, hace parte del libro ‘‘Si el punk ha muerto nosotros somos la venganza’’ el cual recibió el Estímulo Es Cultura Local de la localidad de Teusaquillo en el año 2023 y fue seleccionado por los especialistas del libro para ser parte de la Colección bibliográfica de la Red Nacional de Bibliotecas Públicas de Colombia en el año 2024. Los editores del proyecto Letras Negras y Palabra Herida lo reseñaron de la siguiente manera:

"El relato es encantador, con una excelente narración y un personaje que cautiva de principio a fin. Su forma de describir su primer encuentro con Sergio es sugestiva, llena de nerviosismo y una tensión que logra ser transmitida al lector. La forma en que aquel personaje desarrolla en su monólogo todo el desprecio a su sexualidad, sus sentimientos de culpa y turbación le brinda autenticidad al texto y una sensibilidad completa. El relato está compuesto de frases fascinantes, tajantes y una organización perspicaz para cada confesión del narrador. Su final es casi cómico, totalmente inesperado y contundente" (3).



        Con la descripción estética anterior se comprueba a su vez lo expresado por Sloterdijk, es decir, se confirma que el quinismo no se basa en el ataque frontal de la razón en favor de la expresividad de las emociones, o sea, que no se trata sencillamente del individuo que, además de entender, no tiene miedo de desenmascarar la realidad y salir de su inconformismo para buscar nuevos horizontes en la medida que se pregunta abiertamente qué es la normalidad, qué es lo aceptable, qué es lo posible y qué es lo necesario. Eso no es suficiente, asegura Sloterdijk, si no se le suma el carácter estético a la oposición.

        De esta manera, el quinismo estético se materializa a través de las licencias del arte para que los individuos se expresen libremente, incentivándolos a no desaprovechar sus habilidades artísticas para criticar sin miedo la sociedad. Este quinismo, con su carácter estético, es el que se consolida como alternativa al cinismo moderno, el cual requeriría de personas “agresivas y libres, desvergonzadas para decir la verdad; las que han perdido su autoconciencia real en los locos, en los payasos o, en pocas palabras, con los quínicos” (4).



            Quinismo estético de Andrés Caicedo

            Al adentrarnos en la obra de Caicedo, este tipo de personas ficcionales -personajes- son los que desfilan a lo largo de sus páginas: el payaso, el loco, el insolente, representados en todos esos adolescentes que se manifiestan desafiando su realidad y las condiciones que la detentan. Así lo vemos, más radicalmente, en el cuento ‘‘Infección’’.

Análisis de ‘‘Infección’’

En este cuento, el receptor se encuentra con la narración en primera persona de un joven que no tiene miedo de mostrar su odio e inconformismo con la sociedad en la que vive. Caicedo usa aquí la autorreflexión del personaje para revelar abiertamente -al menos ante el lector-, lo que siente y piensa el personaje sobre lo que vive. Usa los paréntesis para enfatizar y revelar qué está pensando pero, además, involucra al lector con cuestionamientos como éste: “me odio, por no saber encontrar mi misión verdadera. Por eso me odio… y a ustedes ¿les importa?” Haciendo uso del papel activo del lector en la interpretación del texto, una de las formas de intertextualidad dentro de la posmodernidad, Andrés Caicedo condensa esa característica particular de los malditos, es decir, la de la persistencia, es decir, la de la vigencia, es decir, la de complementarse como un augurio con el paso de los años.

El quínico de ''Infección'' lucha contra el cinismo que lo rodea. Recuérdese que el cínico moderno se adapta a la sociedad de la que desconfía, a pesar de sentirse víctima de ese mismo sistema. Caicedo explica claramente  esta antítesis de clase media con las siguientes palabras:

‘‘Yo me siento que no pertenezco a este ambiente, a esta falsedad, a esta hipocresía. Y ¿qué hago? Yo he nacido en esta clase social, por eso es que te digo que no es fácil salirme de ella. Mi familia está integrada en esa clase social que yo combato, ¿qué hago? Sí, yo he tragado, he cagado este ambiente durante quince años, y, por Dios, ahora casi no puedo salirme de él’’


            Es la lucha del quínico contra la falsa conciencia ilustrada que trata de absorberlo. El protagonista del cuento no teme mostrarse abiertamente melancólico y depresivo. Le gusta que todos conozcan lo mucho que sufre, porque no puede adaptarse a las convenciones sociales, así que aúlla su malestar: “dices que ¿por qué vivo yo todo angustiado y pesimista? ¿Te parece poco estar toda la vida rodeado de amistades, pero no encontrar siquiera una que se parezca a mí? No sé qué voy a poder hacer.”. Esa es la marca de la angustia de los nuevos adultos del 2025. Que alguien recomiende qué hacer para combatir la mierda mala honda de quienes nos acompañan en el día a día; cómo construir nuestro barril, dónde hallar uno bien makiavéliko, como una cueva y un fortín, la tremenda máscula y el triste orgullo, para persistir con ellos mientras se guerrea, mientras se baila y se renguea, mientras se duerme y se agoniza, aquí, ahora, cuando la ventana se mueve en la ultratumba:

‘‘Odio mi calle, porque nunca se revela a la vacuidad de los seres que pasan en ella. Odio los buses que cargan esperanzas (…), esperanzas como aquellas que se frustran a 55 toda hora y en todas partes, (…). Odio mis pasos, con su acostumbrada misión de ir siempre con rumbo fijo, pero maldiciendo tal obligación. (Sí, odio a Cali, una ciudad con unos habitantes que caminan y caminan… y piensan en todo, y no saben si son felices, no pueden asegurarlo. (…) Odio a los muchachitos que juegan fútbol en las calles, y que con sus crueldades y su balón mal inflado tratan de olvidar que tiene que luchar con todas sus fuerzas para defender su inocencia. (…) Odio a mis vecinos quienes creen encontrar en un cansado saludo mío el futuro de la patria’’

            Desde la modernidad hay una clara definición de lo que es odiar, pero Caicedo en su ejercicio de destotalización de los conceptos universales, crea un nuevo concepto de este sentimiento, subvirtiendo la definición original, por esta otra, apenas intuida, actualmente tan pendiente:

‘‘Odiar es querer sin amar. Querer es luchar por aquello que se desea y odiar es no poder alcanzar por lo que se lucha. Amar es desear todo, luchar por todo, y aun así, seguir en el heroísmo de continuar amando’’

        Otro rasgo posmoderno aparece en el análisis de éste cuento, nos referimos a la ruptura con la universalidad, donde se plantean este tipo de posturas en las que los límites se difuminan, lo local y regional es mutilado por el arte y las verdades absolutas le dan paso a verdades relativas y contextualizadas. El descentramiento de toda categoría de pensamiento depende de los centros que desafía su propia definición, su hermosa posibilidad de contradecirse. Los adjetivos pueden variar. También pueden varias las metáforas. En este caso la ‘‘Infección’’ es un concepto desafiado y aguerrido por el autor, se desplazar en el juego con el lenguaje. Sus reglas se alimentan de la lucha por alejarse del cinismo moderno:

‘‘... para darse cuenta que se sigue en el mismo estado, que no se gana nada, que no se avanza terreno, que se estanca, que se patina. Rrrrrrrrrrrrrrrrrr-rrrrrrrrrr rrrrrrrrrrrr rrrrrrrrrrrrrrrrrr. No poder uno multiplicar talentos, estar uno convencido de que se está en este mundo haciendo un papel de estúpido, para mirar a Dios todos los días sin hacerle caso (p.23). Pero eso no importa, no lo tome tan en serio, porque lo más chistoso, lo más triste de todo, es que usted se puede quedar tranquilamente, s u a v e m e n t e, d e f e c á n d o s e, p u d r i é n d o s e, p o c o a p o c o, t ó m e l o c o n c a l m a… ¡Calma! ¡Por Dios, tómelo con calma!’’




Obsérvese, la separación de las sílabas pero la unión de las palabras, convirtiéndolas en una sola palabra que enfatiza el desprecio del narrador por la falta de decisión y el conformismo de los cínicos para salir de su condición, dicho énfasis se realiza con ironía y sarcasmo, tal vez con el propósito de lograr una reacción, tal como lo señaló Sloterdijk señalando la cualidad estética del quinismo, expresado en este caso con palabras: ‘‘la dualidad de la ironía, su doble cara, la mueca grotesca que guarda entre las estrategias del texto, el golpe que sacude para llevarnos a una posibilidad sugerida entre líneas y que contradice la primera lectura, todos son aspectos que domina el arte posmoderno’’ (5)


Téngase en cuenta, con esto, que la ironía quínica está dentro de las estrategias principales para oponerse al cinismo posmoderno, todo dentro del lenguaje en la ficción pero, como lo hemos propuesto en este taller, entendiendo la ficción como una manifestación más de la realidad, esto es, con la posibilidad de vivirlo todo a través de lo leído. 

AUTOR
Álvaro José Claro Ríos
Docente de la Escuela de Literatura de Funza
 
NOTAS AL PIE:
1.      Sloterdijk, P. (2003). Critica de la razón cinica. Madrid: Ediciones Siruela. P. 216
2.      OP. CIT. P. 345
3.      OP. CIT. P. 415.
4.      COMITÉ EDITORIAL Letras negras, Antología: ARPEGIO DE LETRAS, Cuentos
en Do mayor.
5.      OP. CIT. P. 410.
 
 
BIBLIOGRAFÍA
1.      Sloterdijk, P. (2003). Critica de la razón cinica. Madrid: Ediciones Siruela.
2.      ROJAS CALDERÓN, Ana. "De la razón cínica al quinismo estético en Andrés Caicedo: una crítica al sujeto de la modernidad desde la condición posmoderna
3.  Zavala, L. (2007). La ficcion posmoderna como espacio fronterizo. México: El
colegio de México
4.  Guerrero Guadarrama, L. (2008). La neo-subversión en la literatura infantil y juvenil, ecos de la posmodernidad. Ocnos: Revista de Estudios sobre Lectura, 35-55.

*Enlace a la charla en el canal de la Biblioteca Nacional de Colombia: https://www.youtube.com/watch?v=pI2s4R__x5k *

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